Historias de la feria - Edurne Jauregi
Mi padre solía venir a vender cerdos a la calle de los Cerdos (Hoy Euskal Herria). Solía traer los cerdos en un carro directamente desde el caserío. Estuvo muchos años viniendo hasta que los tratantes empezaron a ir al caserío y entonces dejo de venir con los cerdos. Esto era hace 50 0 60 años por lo menos.
Mientras mi padre vendía los cerdos mi madre se colocaba en la Plaza a vender los productos del caserío. En aquella época se vendía muy poca verdura; algunos puerros, algunas berzas y en verano algunos tomates. Las lechugas que se plantaban eran para consumir en casa pero a veces también se traían al mercado. La costumbre de comer ensalada de lechuga, tomate, cebolla es bastante nueva….antes no se comía.
Lo que se traía eran sobre todo animales pequeños como conejos, gallinas y sobre todo alubias, huevos, nueces….solían venir recadistas desde Donosti e Irún y se llevaban sacos llenos de conejos.
Mi madre solía traer todas las semanas kilos de alubias para el bar que se llamaba Santosenea, luego fue el Aldasoro. Tenían pupilos y casi todos los días se comían alubias. En aquella época se vendía mucho un tipo de alubia de color granate que le llamaban alubia de Beasain. Con el tiempo se fue perdiendo y hoy ya no se cultiva.
Los baserritarras que venían aprovechaban el miércoles para hacer otras compras y era muy frecuente que compraran bacalao. A mi madre le gustaba mucho el pescado y solía comprar anchoas,…
Todos los hijos solíamos estar esperando su vuelta del mercado porque siempre nos traía algún dulce; pasteles de Unanue. Además cuando eran vacaciones todos estábamos deseando venir al mercado a ayudarle. Así es como yo empecé; primero de ayudante y más tarde ya sola.
Para llegar hasta Ordizia al principio solíamos bajar andando con los burros y las cestas con los productos hasta la estación de Legorreta si veníamos a Ordizia y hasta la estación de Ikaztegieta si íbamos a Donostia. En Donostia mi madre solía vender en el mercado de la Bretxa.
Más tarde el taxista de Legorreta compró una furgoneta con parrilla en el techo y solía bajarnos hasta la estación. En la parrilla colocábamos los cestos con los productos. Era mucha ventaja porque si no había que hacer el camino andando.
En la Bretxa se vendían muchas manzanas reinetas. Y luego empezaron a venir directamente al caserío a recoger la manzana con camiones. Solían dejar los camiones en la plaza del pueblo porque no había carretera que llegara hasta el caserío. Las manzanas las llevábamos en carros hasta la plaza. Se pagaban dos pesetas por cada kilo de manzana.